Cuánto dura la pérdida de gusto por coronavirus y cómo lo afrontan quienes lo viven

Para millones de supervivientes de covid19 recobrar la salud ha sido un proceso lento y sufrido,para muchos, esta recuperación ha venido acompañada por un síntoma desmoralizante: la pérdida de gusto y olfato. Justo cuando más necesitan comer para combatir la enfermedad, cada bocado sabe igual de insulso.

“Me apasiona la comida, así que no poder oler ni saborear nada me provocó depresión”, explica Jane Nilan, que contrajo el coronavirus en marzo, cuando todavía no se sabía mucho sobre la Covid-19.
“Sabía que los yogures eran buenos para el intestino, así que me tomaba unos pocos al día. Me hacía arroz al vapor, pero no lo disfrutaba. Perdí el interés por la comida, aunque intentaba ‘engañarme’ tomando alimentos con distintas texturas para intentar recordar algún sabor”, comenta.
                                                                     “Más grave que en la gripe o catarro”

Las autoridades sanitarias no tardaron mucho en descubrir que la pérdida de olfato (anosmia) y de gusto (ageusia) era un síntoma frecuente de la Covid-19.

Aunque mucha gente informa de la pérdida de gusto como síntoma principal, en realidad se trata de gusto y olfato, ya que el sabor se percibe por la combinación de esos dos sentidos.

Valentina Parma profesora asistente de Psicología en la Temple University y miembro del Monell Chemical Senses Center ,ha recopilado y analizado miles de encuestas de personas que han sufrido la pérdida del gusto o del olfato debido a la Covid-19.

“Cuando el coronavirus provoca este síntoma, tiende a ser más grave que cuando se debe a la gripe o a un catarro corriente”, asegura Parma.

Esta pérdida del gusto tiende a darse de forma repentina. “Hay gente que dice: ‘Yo estaba tomándome un café, estaba delicioso, y, de repente, ya no sabía ni olía a nada’”, expone.

Aunque existen muchas hipótesis sobre por qué ocurre esto, Parma señala que las pruebas actuales sugieren que el coronavirus podría estar anclándose a las proteínas de las células de apoyo de las neuronas olfativas. “Cuando esas células sufren el ataque del virus, las neuronas dejan de hacer su trabajo”, explica.

No existe cura conocida para la pérdida del gusto y del olfato, pero el organismo muchas veces sí que sabe curarse a sí mismo, al menos pasado un tiempo, tranquiliza Parma.

“El tiempo es una variable importante de la recuperación”, indica. “Nuestro sistema tiene plasticidad y las neuronas olfativas pueden regenerarse y reestablecer su funcionamiento. Cuánto tiempo lleva es una cuestión que aún no se sabe”.

                                                           Hay luz al final del túnel.

Cuando Chrissi Kelly perdió el sentido del olfato en 2012, fundó el grupo de apoyo AbScent para personas sin gusto ni olfato. Desde que empezó la pandemia, ha presenciado un crecimiento notable de afiliados y seguidores.

“Se estima que casi la mitad de los pacientes de coronavirus sufren la pérdida del gusto y el olfato”, informa Kelly. “La mayoría los recuperan pasadas dos o tres semanas, pero hay miles de personas que aún no lo han conseguido meses después de sufrir el coronavirus”.

Kelly anima a las personas con este problema a buscar contrastes: cremoso con crujiente, ácido con dulce, caliente con frío…

                                                                      Reentrenar el olfato

Kelly sostiene que el entrenamiento olfativo puede acelerar la recuperación y que a ella le ha ayudado a disfrutar de una “buena calidad de vida”. Este entrenamiento olfativo implica oler un panel de esencias dos veces al día durante al menos cuatro meses, pasando un mínimo de 20 segundos por esencia y concentrándose en cada una.

“Es seguro, todo el mundo puede hacerlo y está demostrado científicamente que ayuda”, explica Kelly. “No es una cura, pero puede ser una forma de acelerar la recuperación natural”.

La web de AbScent ofrece más consejos (en inglés), enseña a fabricar un kit de esencias o permite comprar un kit, cuyos beneficios van a parar íntegramente a la organización para ayudar a más personas.

Cuando les pasa a los dietistas y nutricionistas

Amanda Frankeny es dietista y nutricionista y vive en Colorado. igual que Nilan, contrajo el coronavirus en marzo, cuando muchos de los síntomas todavía eran un misterio.

“Durante la segunda semana, las cosas empezaron a saber y oler raras. El chocolate me sabía a carne. Mi sopa mexicana era como beber agua. En mi caso, la Covid-19 fue lenta y progresiva. Cada día me pasaba algo nuevo. Perder el gusto fue lo peor”, recuerda Frankeny.

Esta nutricionista tuvo que recurrir a sus conocimientos profesionales para asegurarse de que se mantenía nutrida. “Me obligaba a comer suficientes alimentos en cada comida. Comía de todo y traté de darle colorido y textura cuando las cosas me empezaron a saber igual”.

Otro consejo muy importante es beber agua con regularidad, pero no solo por los motivos que se suelen argumentar: “Una boca seca reduce tu capacidad de saborear lo que comes. Los fluidos ayudan a disolver los compuestos que dan sabor para que lleguen a las papilas gustativas. También conviene masticar despacio para liberar mejor los sabores e incrementar la producción de saliva”.

Aunque es tentador permitirte unos caprichos cuando estás enfermo, Frankeny desaconseja tomar patatas fritas de bolsa, dulces y comida basura en general. “Tampoco tiene sentido comerte una tarrina de helado si ni siquiera la vas a saborear. Es mejor tomar alimentos que te hagan sentir mejor: una bebida caliente, una sopa… Las comidas calientes sientan bien”.

Otras sugerencias son añadir más hierbas aromáticas o picantes para dar más sabor, evitar alimentos muy mezclados para que el sabor de cada alimento no se diluya en la mezcla, o añadir queso, trocitos de bacon, aceite de oliva o frutos secos tostados sobre los alimentos.

                                    El placer de recuperar el gusto y el olfato

Para Jane Nilan, los demás síntomas de la Covid-19 desaparecieron en semanas, pero tardó tres meses en recuperar el olfato y el gusto. “Pasados dos meses, comencé a notar algún sabor de forma ligera. Empecé a buscar los sabores extremos y mi dieta pasó a basarse en curry picante y especias mexicanas. Tenía miedo de que esa mejoría desapareciera, así que iba siempre al límite”.

Nilan señala que aunque recuperar la salud fue una gran alegría, lo que de verdad le alivió fue recuperar el gusto: “Antes no tenía ni idea de lo importantes que eran estos sentidos para mí”, explica. “Ahora, cada vez que abro un tarro de especias, meto la nariz y pienso: ‘Maravilloso, maravilloso’”.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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