La Espada de Santiago…El tufo autoritario

Bien lo dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador en una de sus conferencias, que esta situación les había venido como anillo al dedo para afianzar el propósito de la transformación, pero bien vale la pena preguntar ¿cuál propósito? Es algo que no se aterrizó debidamente porque generó muchas suspicacias.

El primer párrafo sale a colación por un tuit que no deja mucho a la imaginación. Lo cierto es que, como lo dije en alguna columna anterior, la tecnología nos ha servido para tener un enorme cúmulo de información y, consecuentemente, es necesario saber distinguir entre la que es real y la que muchos califican como “fake”, es decir, falsa.

Pero parece que, en medio del río revuelto, hay quienes no solo se visten de la madre Teresa de Calcuta para continuar “apoyando” a la población y arriesgando en esa tarea su propia salud, sino que también hay quienes parece que quieren aprovechar el momento para hacer gala de sus temores más recónditos.

Norman Pearl, quien fuera líder nacional de Morena radicado en Querétaro, llevó a las redes sociales un pensamiento amorfo en relación al Estado democrático del que gozamos. En un tuit del 4 de abril sugirió al presidente López Obrador establecer un estado de excepción y sacrificar temporalmente la libertad de expresión a los medios que usan la mentira para crear dudas y confusiones con el perverso propósito de afectar al gobierno de México y su población.

Nada más alejado de la realidad. En primer lugar se exhibe una ignorancia supina de la Norma Suprema que nos rige, pues la Constitución establece, en efecto, que el Ejecutivo tiene la facultad de suspender derechos por tiempo determinado para enfrentar una crisis, sin embargo este documento detalla que se podrán restringir algunos derechos en todo el país o en ciertos lugares, es decir, en espacios geográficos y no a personas en específico como lo indica la propia Carta Magna al subrayar que se pueden interrumpir derechos “sin que la restricción o suspensión se contraiga a determinada persona”.  Todo esto se halla en el artículo 29.

Lo que exhibe el pensamiento del militante de Morena es el deseo por silenciar las voces que se muestran críticas al gobierno federal. Al menos eso se puede interpretar. Y es que, es evidente, le molestan.

Una de las grandes conquistas que se han obtenido a lo largo de décadas es justamente la libertad de expresión, derecho que constantemente es amenazado por cotos de poder ilegales, es decir, el crimen organizado, fenómeno que dicho sea de paso es uno de los grandes males del país y que aún sigue acechando a los medios que se muestran críticos con hechos de delincuencia organizada.  Uno de los asesinatos más recientes se dio en Veracruz, en donde perdió la vida María Elena Ferral, periodista que cubría la nota roja en esa entidad.

Pese al permanente acecho bajo el que vive la libertad de expresión en México, todavía hay quienes pretenden (o sueñan) con restringir derechos tan valiosos como este y que incluso en las épocas del “neoliberalismo” sirvieron para destapar actos de corrupción y que funcionaron, justamente, para reforzar la candidatura y campaña de López Obrador. Qué paradoja, ¿no? Menos hígado y más masa gris.

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